Opinión

“Entre los indios existe una creencia en el ‘Gran Lengua’, el vocero de la tribu. Y en cierto modo es lo que he sido: el vocero de mi tribu”, confesó el inmarcesible poeta y narrador guatemalteco Miguel Ángel Asturias, premio ‘Nobel’ de 1967. He aquí su novela El Señor Presidente, conservada como una reliquia mediante la primera edición en Editorial Ediansa, México, 1946. Después vendrían las ediciones –la 2ª y la 3ª– en la Editorial Losada, Buenos Aires, 1948 y la de 1952. Traducida al francés –Premio Internacional del Libro Francés, París, 1952–, además de al sueco y alemán, italiano y portugués, fue recibida como insólita “obra maestra”. Acerca de ella se llegaron a escribir monografías y tesis en las Universidades de París y Salamanca, Santiago de Chile y Moscú. En la Revista Esprit –París, julio de 1953– expresó Gabriel Venaisin: “Dudo que novela alguna haya logrado crear un ambiente de mayor asfixia. Pero lo milagroso en este libro es haber partido de este universo para alcanzar otra cosa. Asturias inventa un lenguaje de libertad total”.

Os tangos máis antigos (antes do 1900) tiñan a súa letra aínda que era un texto improvisado e tiña un carácter secundario xa que naquel momento o tango era, fundamentalmente, unha danza. O siareiros das academias e peringundíns inventaban letriñas, case sempre obscenas, que non eran moi axeitadas para a súa interpretación en locais públicos. Pero como ben dicía Gobello para que toda esta sub-literatura puidese asomarse al varieté debe ter unha presentación decorosa e para iso o tango botou man da form aliteraria do cuplé. Se analizamos as letras de Villoldo (Ángel Gregorio Villoldo Arroyo, 1861-1919) vemos nelas unha clara estructura cupletística e tamén moita similitude na temática. Por exemplo a tradicional fachenda dos cuplés hispánicos ten unha copia nas beiras riopratense no xeito de sacar pecho ou hacer pinta de aqueles precursores compadritos arrabaleros. Si la famosa Pastora Imperio cantaba Yo soy la flor y nata de los Madriles; es ahora en Buenos Aires donde Lola Candales canta Yo soy la Morocha, la más agraciada.

El sabio, dicen, ha de ser curioso. Es el que se maravilla, advierte André Guidé, Nobel de Literatura. Pero seguramente, a Ángel Carracedo le gustará más la definición de Gregorio Marañón, humanista, liberal y científico español, cuando afirmó: “no hay orgullo comparable al de los tímidos. La sabiduría no es extensión sino profundidad. La información (que se confunde con la sabiduría) convierte al cerebro en un almacén; pero la sabiduría no es saber cosas, sino saber comprender [y] crear, es una aptitud y no un amontonamiento de cosas. El que comprende una cosa y la sabe en su sentido profundo [ ] es, por lo tanto, un sabio”.

Quisiera estar en Buenos Aires para poder asistir a la representación de la obra teatral Discépolis que tiene lugar en el Centro Cultural de la Cooperación en la céntrica avenida Corrientes. Mi interés por el tango rioplatense me lleva a aplaudir y a felicitar al grupo de actores que suben al escenario para homenajear al gran autor Enrique Santos Discépolo, el reconocido letrista es responsable también de la que creo es la mejor definición del tango: “Es un pensamiento triste que se baila”. La dramaturgia es una creación de la actriz Maggi Persíncola que también es la directora.

“Mi querido amigo: le doy las gracias por haberme dado a leer estas ‘Leyendas de Guatemala’ del señor Miguel Ángel Asturias. Como escritor tiene suerte, porque la traducción de su trabajo es deleitable, por lo tanto, excelente; es decir, bella, pero fiel. Una buena traducción tiene las virtudes de una esposa romana: egregia coniux. En cuanto a las leyendas, me han dejado traspuesto. Nada me ha parecido más extraño –quiero decir más extraño a mi espíritu, a mi facultad de alcanzar lo inesperado– que estas historias-sueños-poemas donde se confunden graciosamente las creencias, los cuentos y todas las edades de un pueblo de orden compuesto, todos los productos ‘capitosos’ de una tierra poderosa y siempre convulsa”, leemos en la carta que el célebre poeta francés Paul Valéry escribió al señor Francis de Miomandre.

El deseo de ganar le hace ganar. Blanco sobre negro. Hay sí preparación, concentración, incluso fanatismo. Hay estrategia, próxima al ajedrez o a la guerra, o al ballet incluso cuando se roza el virtuosismo de una gambeta, un regate, o se alcanza el balón para rematarlo con una chilena, ese despeje de espaldas a la portería contraria, con los dos pies en el aire.

Para o investigador arxentino Arturo Mascia na linguaxe do tango temos tres formas de manifestación: a) o lunfardo; b) o gauchesco; c) o depurado de expresións vulgares. Fai fincapé na importante influencia do romanticismo e do modernismo nas letras do tango xa que os versos dos payadores eran fillos do romanticismo que era unha corrente literaria chea de idealismo, sentimentalismo e paixón. Pero os poetas dos anos vinte do século pasado eran herdeiros do modernismo que predicaba unha revalorización da estrofa e do verso.

“La versión más fidedigna acerca del descubrimiento de las aguas termales de Mondariz es la que consigna el médico-director del Balneario, Isidro Pondal, en la ‘memoria anual’ de 1877, según la cual Enrique Peinador descubre el manantial de Gándara en 1872 durante uno de sus recorridos por la cuenca hidrográfica de la comarca, acompañado de un ingeniero, probablemente el ingeniero de minas Isidro Sebastián Buceta. El 22 de febrero de 1873 el abogado Ramón Peinador, hermano de Enrique, solicita permiso para la creación de un ‘establecimiento termal’ en el terreno de su propiedad, donde brotaba el manantial de Gándara, así como la concesión del conocido manantial de Troncoso, a orillas del Tea, cuyas aguas poseían las mismas propiedades. Las aguas de los dos manantiales son declaradas ‘de utilidad pública’ por decreto del Gobierno de la República el 16 de junio de 1873, a petición de los hermanos Peinador”, leemos en las admirables páginas escritas por Yolanda Pérez Sánchez –autora del texto histórico– en el esmerado y documentado libro cuyo título es Buvette. Aguas de Mondariz. Fuente del Val, S.A., 2008.

“El laurel –en lucumí, ‘Igginile itiri’; en congo, ‘Ocereké’–, habitáculo de ‘orishas’, ‘Egguns’ y ‘nfumbes’, es fundamental para los ‘mayomberos’ padres y madres, y para los iniciados en la ‘Regla de Ocha’; en sus ramas, tronco y raíces viven espíritus de todo tipo en buena lid. Los ‘mayomberos’ dicen: ‘debajo del laurel, yo tengo mi confianza’. Que quiere decir: cualquier obra que se haga en las raíces del laurel, dará siempre resultado. Algunos padres y madres, los más viejos, le ponen entre sus raíces un pedazo de espejo, el ‘vititi’, y con ellos y a su sagrada sombra vaticinan el futuro, el pasado y el presente de una persona. Antiguamente, cuando se ‘rayaba’ a un padre, éste dormía bajo el laurel durante 7 días. Esto no sólo era una prueba sino que la persona recibía también todo el poder de fuerzas concentradas en este árbol mágico”, afirma la afamada etnógrafa cubana Natalia Bolívar Aróstegui en su tan hermosa como imprescindible obra Cuba. Imágenes y relatos de un mundo mágico, Ediciones ‘Unión’, Unión de Escritores y Artistas de Cuba, El Vedado, Ciudad de La Habana, 1997.

“Los agüistas alojados en el Gran Hotel tomaban su primer vaso de agua en la fuente de Gándara, y ‘paseaban las aguas’, como solía decirse, para tomar el segundo vaso en la de Troncoso, la más popular en los inicios del Balneario por ser la más antigua y la que dio origen a la fama de Mondariz. Un accidentado camino unía los 800 metros que separan ambas fuentes hasta la remodelación de Troncoso, en la primera década del siglo XX, que incluyó notables mejoras en el paseo que la unía al Establecimiento”, asevera la ensayista Yolanda Pérez Sánchez, autora del texto histórico perteneciente al nunca bien admirado libro Buvette, Aguas de Mondariz. Fuente del Val, S.A., 2008.

La palabra es la mayor intuición de los humanos, y su mayor logro colectivo. Con ellas, con su cúmulo, los racionales nos distinguimos, construimos mundos, los narramos, elaboramos cosmos propios y extraños; adquirimos universos reales y proyectamos otros imaginarios.

En apariencia, lo único que vemos de la ciudad es lo que la ciudad nos muestra. Lisboa es traslúcida, se da toda en su generosa actitud para quien se predispone a admirarla, para los que abren sus brazos con el fin de abarcar un pequeño pleno universo cosmopolita, estructurado, bello, como emergido de un orden explícito, permitido por una catástrofe de la urbe supo rehacerse desde sus propias cenizas, de sus escombros, más coqueta y señorial, en un proceso evolutivo de orgullo justificado que se prolonga desde 1755.

A partir de 1880 e ata aproximadamente o ano 1930, agroma en Bos Aires, Montevideo e Rosario un fenómeno teatral de importantes dimensións. Nestas tres cidades-porto terá lugar o movimento teatral máis importante da historia riopratense que vai acompañado de publicacións nas que se recollen os textos das obras e tamén información sobre o xénero teatral. A literatura dramática riopratenses vai xunto coa historia do momento xa que os autores recollen os acontecementos como fieis rexistradores dos sucesos da vida popular. Os dramaturgos son herdeiros das fontes hispánicas pero constrúen cos seus textos un verdadeiro teatro popular riopratense. Antes os textos eran sobre estranxeiros pero agora as obras incluén, case sempre, a un tano ou a un gayego recén chegado as beiras da Arxentina ou do Uruguai.

“El álamo de gamas verdes en sus hojas es el más querido del ‘orisha’ Changó; se usa en su ‘omiero’, y en el asiento del Santo. En el momento en que Changó tiene esos arranques de cólera en que todo lo destroza, se le ofrece y se apacigua con sus hojas. Cuando ‘Atandá’ tocó los sagrados ‘Batá’, por primera vez, se ‘tañeron’ a la sombra de un gran álamo y con la anuencia de Changó. Con sus hojas se adornan los tronos de Changó y en su batea se le pone como un gran manto, cubriéndolo para gran satisfacción del ‘orisha’. Al carnero que se le sacrifica se le da de comer hojas de él y, si las come a gusto, da su autorización para ofrecer su sangre. El álamo recoge la peor de las brujerías, es depurativo y milagroso. Y en polvo –‘afaché’ y ‘afoché’– para bien o para mal, es muy efectivo”, describe la reconocida etnógrafa cubana Natalia Bolívar Aróstegui, con fotografías de Emilio Reyes Pérez, en su concienzuda obra Cuba. Imágenes y relatos de un mundo mágico, Ediciones ‘Unión’, Unión de Escritores y Artistas de Cuba, El Vedado, Ciudad de La Habana, 1997.

“En estos años iniciales del siglo XX las publicaciones del Balneario sientan uno de los pilares sobre los que pivotará su imaginario, apoyándose en la dimensión mítica de las fuentes termales y que se seguirá desarrollando en el futuro: el carácter sagrado de las aguas. Si la estructura inicial de la fuente de Gándara aludía a una imagen primaria o ‘telúrica’, la construcción de la marquesina y la verja establece una equivalencia entre el espacio que alberga las aguas medicinales y un recinto sagrado. ‘Es digna de mención la reja que aisla el recinto donde surge la fuente de Gándara, reja que por su elegante porte parece hermana de cualquiera de las mejores de las cuales se ufanan las iglesias de Compostela, o bien que el agua de Mondariz tiene algo de sagrada. No en vano la designó en categoría inmediata a ‘la del bautismo y a la bendita’ (Un notable escritor, agradecido a sus salutíferos efectos), afirmaba Las aguas de Mondariz. Álbum-Guía (1899)”, escribe con rigor Yolanda Pérez Sánchez, responsable del texto histórico de la magna obra Buvette, Aguas de Mondariz. Fuente del Val, S.A., 2008.

“Apenas despunta el día, te veo (Lisboa) reposando sobre el Tajo, como una ciudad que navega”. José Cardoso Pires (1925-1998) lo escribió en ‘Lisboa. Diario de a bordo. Voces, miradas, emociones’, creando una hermosa metáfora que se extiende a Oporto, a toda Portugal y a España misma.

“La palma real, majestuosa, concede al paisaje cubano su encanto escultórico, coronada por el penacho de los reyes con su verde esmeralda. Forma parte del paisaje típico de nuestra campiña y es habitáculo del dios de dioses, ‘Changó Obayé’, quien, desde sus copas, todo lo observa, todo lo ve, ‘vigilante’, como diría la sabia investigadora Lydia Cabrera en su obra El Monte (página 220): ‘El rey del mundo que se viste de punzó, el negro prieto y bonito que come candela, el dios del fuego, desde la vara afilada y trémula de la palmera que se eleva al cielo, dispara sus flechas a la tierra’. Todos los africanos o sus descendientes están de acuerdo con que las ofrendas a ‘Changó’ deberán ser depositadas en las raíces de este sagrado árbol: los racimos de plátanos, el ‘amalá’, es decir, harina de maíz, cruda o cocinada, los amarres, los despojos, las ‘rogaciones de cabeza’, en fin, todo el mundo mágico de las creencias populares”, asevera la reconocida etnógrafa cubana Natalia Bolívar Aróstegui en las páginas de su documentado estudio Cuba. Imágenes y relatos de un mundo mágico, Ediciones ‘Unión’, Unión de Escritores y Artistas de Cuba, El Vedado, Ciudad de La Habana, 1997.

“Entre 1873 y 1931, el espacio y la arquitectura del balneario de Mondariz se van configurando como lugar. El proceso de formación como empresa y núcleo habitacional, en el que va conformando sus elementos de identidad como institución decimonónica y, posteriormente, como municipio, corre paralelo a la disposición de su espacio y arquitectura como una forma, un marco simbólico. Para convertir este espacio en un lugar habitable, se crean una serie de centros significativos que inician el proceso de transformación del lugar con las edificaciones y la organización del espacio, trazando una trama de metas y recorridos entre ellos. Inicialmente, el centro de la actividad giraba en torno al elemento generador del lugar y primer centro del espacio: la fuente de Gándara”, señala Yolanda Pérez Sánchez –responsable de su texto histórico– en la obra titulada Buvette, Aguas de Mondariz, Fuente del Val, S.A., 2008.

Tiene muchos y disfrutables méritos. Lo advierten Rodrigo y Gonzalo García Bacha, hijos de Mercedes y de Gabriel, de Gabo de su esposa amada, refiriéndose en su prólogo a ‘En agosto nos vemos’, el primer libro póstumo de García Márquez, siempre inmortal y genio, meritorio resultado del trabajo ímprobo y de la inteligencia de Cristóbal Pera, sombra inspirada del escritor colombiano, admirador del orden de su secretaria Mónica Alonso, fractal de mi amiga Carmen Balcells, esenciales todos en este regalo inesperado y delicioso de Random House.

Arredor dos anos 1860-1870 nas capitais da Arxentina e do Uruguai comezou a xestación dunha danza (o tango) que hoxe é unha das súas máis recoñecidas marcas identitarias. Na proximidade dos postos militares que alí eran os “cuarteles de los milicos” había casas nas que se bailaban valses, mazurcas e chotis. Nos descansos da pequena orquestra, ten lugar a participación duns cantantes que chaman milongueros que veñen dos arrabaldos das cidades e cantan cancións improvisadas coas que manteñen vivo o patrimonio musical do mundo rural. Os asistentes o baile dicían que ían “a la milonga” a bailar coas “chinas” o que significaba a entrada do rural no mundo urbano xa que a milonga era o sinal de identidade dos troveiros do campo, os payadores.