24/may/2026
“La población material, en los albores del planteamiento de la ciudad de San Felipe de Montevideo, fue en su mayor parte construida de piedra en bruto y techo de teja, piso bajo, como que todo tenía que ser relativo. Poco a poco, con el andar del tiempo, fueron mejorándose las construcciones, en proporción al aumento de pobladores y a medida que se adquirían los elementos indispensables para edificar, como el ladrillo, la cal y las maderas, importándose éstas del Paraguay para tirantes, alfajías, marcos, puertas y ventanas. Alguna se traía de los montes de Santa Lucía y sus cercanías, para caballetes y tijeras de ranchos, que también se construían con pared de ladrillo, y aun algunos tirantes de sauce morado, que probaron ser de mucha duración en la Ciudadela”, leemos en las memorables páginas –“La Plaza-Fuerte y su contorno”– del escritor uruguayo Isidoro De María en el libro Montevideo antiguo (Selección), Editorial Universitaria de Buenos Aires –“Serie del Nuevo Mundo”–, 1965.